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miércoles, 11 de mayo de 2016

Viaje a la costa azul, Mónaco y La Provenza

     Aunque este viaje lo hicimos en el verano del 2014 os voy a contar cómo lo planeé y mi impresión como siempre de todo lo que visitamos.

     El avión nos dejaba en el aeropuerto de Marsella, por supuesto viajamos con raynair, nos salía muy bien de precio y el viaje es cortito. Esta vez el coche lo alquilamos con una empresa fuera del aeropuerto, que nos tenía que recoger para llevarnos a por el coche de alquiler. En Marsella hay dos terminales, la principal y la que opera con las compañías low cost.

     Al planear la semana de vacaciones me planteé como siempre intentar ver  lo máximo de toda aquella zona, para lo cual para no perder mucho tiempo en el coche lo mejor era buscar tres alojamientos: tres noches en Cannes, tres noches en Arlés, perteneciente a  la Provenza, que estaba en la otra punta y la última noche en un hotel junto al aeropuerto de Marsella. Es lo mejor sobre todo si tienes que madrugar para coger el vuelo al día siguiente.

     Nuestra llegada fue por la mañana y como hasta por la tarde no entrábamos en el apartamento de Cannes, paramos a ver un poco de la ciudad de Marsella.


Catedral  de Marsella


http://www.marseille-tourisme.com/es/descubrir-marsella/


     Primero fuimos a la catedral, La Nouvelle  Cathédrale de la Major , estuvimos paseando y vimos todo lo que había por los alrededores, el Museo de la Civilización en Europa y el Mediterráneo (MuCEM) , le vieux port,etc.

      Un paseo muy agradable, pero no podíamos entretenernos porque nos quedaba todavía un buen trecho del camino hacia Cannes. Nos costó salir de Marsella para coger la autopista A8, muchísimo tráfico.

     Lo que más me gusta de las autopistas francesas es que en cada peaje hay unos buenos servicios con duchas y todo. Aparte de sitio para comer , que siempre es de agradecer.

     Ya por la tarde después de instalarnos en el apartamento de Cannes, de nada sirvió intentar hablar  mi francés mediocre con la recepcionista, ella sólo quería que le hablarámos en español para practicar, nos fuimos directos al centro, sobre todo  para ver Palais des Festivals et des Congrès ( Festival de Cannes), en el cual nos hicimos las fotos en la alfombra roja y pusimos las manos en las huellas de los famosos. Mucho ambiente que hay en esa ciudad, pero las playas no tienen que envidiar para nada a las españolas. Por la noche se llenan de gente joven el paseo marítimo, con música en directo en los numerosos pubs y bares que hay por allí.




     Ya al día siguiente nos fuimos para Mónaco, el viaje era largo pero mereció la pena, nos dirigimos hacia el centro para ver sobre todo la residencia de los príncipes, aparcamos en un parking y subimos andando la montaña en la que está situado, desde allí se puede ver el gran casino de Montecarlo y el peculiar campo de fútbol, vimos unos coches con los cristales tintados y para mí que alguien importante iba allí, o por lo menos a mí me dio esa impresión. 

     Después de ver la catedral y las tumbas de los príncipes Rainero y Grace Kelly bajamos por unos jardines hacia unos restos arqueológicos y el Fort Antoine. 

    Mónaco es pequeño  pero todo muy cuidado y muy bien aprovechado el espacio. Tienen en el puerto unas escaleras preparadas para bañarse en el mar, porque playa la verdad que tienen poca o creo que ninguna.


Aquí se puede ver el campo de fútbol de Mónaco, los arcos blancos con el marcador

     Luego decidimos volver por la costa para ver Niza, allí atravesamos el pueblo y subimos al Castle Hill, desde allí , después de subir mogollón de escalones y llegar asfixiados arriba vimos unas espectaculares vistas, con sus famosas playas abajo, eran de piedras graaaandes, vamos que las hemorroides no veas como se ponen si te sientas encima. Casi todas las playas son privadas y de pago.




     Así que seguimos nuestro camino y antes de llegar a Cannes paramos en la ciudad de Antibes, con un centro de la población muy animado, estaba tocando una orquesta en vivo. Todas las mañanas hay un mercado provenzal, calles con muchas flores, destaca su fuerte carré, faro de la garoupe, el  festival de jazz que se celebra en Julio. Allí Picasso pintó muchas de sus obras que se exponen en su museo, pueblo pequeñito pero con mucho encanto.







     Al día siguiente nos fuimos para la parte izquierda de Cannes, dirección Saint tropez, nos fuimos por la autopista hasta Fréjus y allí cogimos la carretera de la costa, grave error, atascos por un tubo, qué paciencia por dios, está llena de campings por todos lados, la gente caminando por la carretera, se me hizo eterno llegar a Saint tropez y luego una vez allí me recordaba bastante a Puerto Banús , lleno de yates a cuál más lujoso, mucho ambiente, gente de todas las nacionalidades, tiendas carísimas de diseñadores, etc, lo dicho igual que Puerto Banús. 

     Un pueblecito que está justo al lado y es muy tranquilo con canales para poder atracar el barco es Port Grimau.


     Ya el último día un bañito en la playa de Cannes, nada del otro jueves, lo que sí me gustó es que había casetas repartidas a lo largo de la playa para poder cambiarte.

     Así que concluido nuestro viaje por ese lado de la costa azul nos fuimos para La Provenza. Como era domingo nos decidimos a parar de camino en Marsella ya que nos quedaban cosas por ver. 

     Magnífica decisión, la ciudad super tranquila,  nada que ver con la primera vez que pasamos por allí, nos dirigimos hacia Notre-Dame de la Garde, de estilo bizantino, simplemente entrar y abrir la boca todo en uno, sin palabras, tenéis que verlo para tener la misma sensación que yo tuve, no quiero describirla tenéis que verla. El sitio espectacular se ve Marsella abajo, al ser domingo pudimos aparcar allí arriba de la catedral.

   








     Luego nos fuimos hacia otro monumento precioso de la ciudad, El Palacio Longchamp que  reúne en un mismo emplazamiento el museo de Bellas Artes, el museo de Historia natural y un parque botánico que antiguamente fue un zoológico.




     
     Por fin por la tarde llegamos a Arlés, entre relámpagos y truenos. Nuestra idea era conocer un poco la Provenza, que está plagada de campos de lavandas,  por cuestión de tiempo no nos pudimos acercar para ver ninguno, de todas formas fuimos en un mes de verano que ya la floración ha pasado. 

     Nuestra casa de alquiler estaba en pleno centro, era un antiguo establo reformado de dos plantas, muy original y diferente, lo único malo era que tenía humedad y cuando te sentabas en el sofá te mojabas el culete. Estaba justo al lado del anfiteatro romano Las Arenas, lo utilizan para corridas de toros, conciertos de música, Tiene más monumentos, teatro romano, etc. Hasta el café en el que pintor gauguin pasaba muchas horas, el night café. 

     Pueblo con mucho encanto, con turistas pero tranquilo, lo cogimos más que nada por el alojamiento que salía bien de precio y estaba justo en medio de la zona que queríamos conocer.






En Arlés estaban todos los árboles de la Avenida revestidos de estos originales forros de lana


http://www.la-provenza.es/

     El primer circuito que hicimos por la zona fue el de Nimes y Montpellier.

     Primero paramos en Nimes, para darnos un paseo por el centro y admirar algunos de sus monumentos como el anfiteatro,  Arènes de Nîmes, de tamaño algo menor que el coliseo de Roma pero no por ello menos grandioso, allí se suelen celebrar las corridas de toros y conciertos.




     El otro monumento a destacar en  Nîmes es la Maison Carré y ya para terminar, otro sitio de interés son los Jardins de la Fontaine, nosotros no llegamos a verlo, el tiempo apremia y teníamos que seguir hacia Montpellier, ciudad mucho más grande e interesante que Nimes, la Capital del Languedoc Rosellón. 



    
     En Montpellier había muchos turistas españoles sobre todo catalanes. No perderse la plaza del comédie en la que se encuentra la ópera, la catedral Saint Pierre, la torre de los pinos, el museo Fabre Montpellier, Acueducto des Arceaux.





Acueducto des Arceaux



     Me gustó mucho el centro, pero sin lugar a duda me llamo mucho la atención el barrio de Antigone, construido en los años 80 en el lugar de un antiguo terreno militar, es una calle peatonal de un kilómetro de largo destinada a unir el casco antiguo con el río Lez, que desemboca en el Mediterráneo a 8 km de allí. El diseño es del arquitecto Ricardo Bofill. Un agradable paseo y un fuerte contraste sobre todo si vienes de visitar el centro.









     Ya la vuelta para casa la hicimos por otra carretera para así poder ver otros lugares aunque fuese de pasada, así pues pasamos por le Grau du roi que está junto al mar y tiene un ambiente playero total y pasamos por las salinas explotadas desde la época romana.  


      Hoy todavía las montañas de sal (camelles) se alinean en el paisaje llano y atestiguan la permanencia de una actividad agrícola relativamente respetuosa con el medio ambiente. 




   
    De Aigues mortes destacaría el estado de las murallas que encierran la ciudad vieja, es uno de las mejores conservadas de Europa para ser un recinto medieval.






     Nuestro último circuito por la Provenza fue el de acercanos a conocer Avignon, antes de llegar hicimos una paradita en Beaucaire, estuvimos en su castillo medieval y viendo los palacetes que hay por toda la ciudad y su famoso dragón.


     
     Una vez en Avignon aparcamos en un parking que hay en las afueras de la ciudad amurallada, hay que andar un poquito. Como siempre la ciudad abarrotada de turistas pero con mucho ambiente, a la orilla del río Ródano. 





Estaba toda la ciudad decorada con banderas de colores anunciando el famoso festival de verano de teatro. 




    Su gran muralla medieval que rodea toda la ciudad, construida por los papas y el Pont d'Avignon  sobre el río Ródano al que sólo le quedan 4 de los 22 arcos originales.




 
     Avignon fue residencia de los papas durante un buen periodo de tiempo, concretamente 7 papas residieron allí, en el palacio papal de construcción gótica.


     Allí estuvimos toda la mañana, daba gusto pasear por sus calles engalanadas y todo lleno de actores representando escenas en plena calle. Compramos jabón de Marsella para regalitos y después de comer para casa, pero como siempre de camino haciendo una pequeña parada, hay que aprovechar, en Baux de Provence, bonito pueblo medieval, en lo alto de una colina con espectaculares vistas, en un entorno escarpado y abrupto, famoso su Castillo Palacio des Baux, sus armas medievales y su enorme catapulca para lanzar piedras.






     Una atracción turística que está en las afueras del pueblo pero que nosotros por falta de tiempo no llegamos a ver son Carrières de Lumières, se trata de una antigua mina de extracción de bauxita y calcáreo que representan imágenes en las paredes con música de fondo, un gran espectáculo digno de ver, según he leído y he visto en imágenes como éstas.




     Ya al día siguiente sólo nos quedaba salir del alojamiento e irnos dirección al último hotel junto al aeropuerto y también pegadito al sitio donde teníamos que devolver el coche, exactamente a cinco minutos.    

     De camino hacia Aix-de-Provence, hicimos una breve paradita en Salon de provence, para ver, el Castillo de l'Empéri, la torre del reloj, la iglesia Saint-Michel. Nostradamus está enterrado allí.
   





     Y ya por fin, nos sonaban las tripas de hambre, llegamos a la penúltima parada del día Aix de Provence, en el cual lo primero que hicimos fue buscar un sitio para comer, escogimos un  bar de tapas español, que originales, pero nada que ver con las tapas de España, comida muy picante, parecían platos de México y caras y después nos dimos un paseíto por el centro y ya para el hotel en Vitrolles.


     Al día siguiente final del trayecto, cogimos el avión y para casa a descansar.


     Aunque haya sido poco tiempo, una semana, creo que nos ha dado tiempo a recorrer y hacernos una clara idea de la costa azul, la Provenza y sobre todo visitar Mónaco.







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